viernes, 7 de junio de 2013

Ella

Él tiene sus ojos abiertos, estalla por dentro, siente el vello que se le erecta, aprieta los labios y escucha cada latido de su corazón bombeando la sangre hasta el último de sus poros. Transpiran sus dedos y trata de apretarlos para juntar fuerzas, pero nada. Está perdido, casi mareado, siente un vahído que dura una inhalación, el golpe fatal fue dado y le atraviesa la tráquea. Se queda en silencio. El golpe es apenas un conjunto de palabras pero tan solo con eso queda abatido, balbuceando incoherencias, perdido en un abismo. Un abismo en el que está perdido por compenetrarse en los ojos indicados, cada vez que mira esa mirada tan especial que le inhibe y exalta por igual. Siente un odio que despierta su ira contenida, esa que lleva tan adentro, siente un cierto asco, un asco fisiológico, visceral, se siente desconcertado porque además la admira, es una profunda admiración que la enaltece hasta la idealización. Tan igual a otras, tan distinta que brilla con intensidad cegadora, que dispara palabras ondulantes en una frecuencia de luz deslumbrante. Escuchar esa voz es sentir saltar su abdomen que trata de expandirse por la falta de aire. Con cada inhalación imagina la imagen de un ombligo, de un codo, de la sangre en una herida lavada por dedos que acarician, del agua chocando contra las piedras de la playa, del viento sacudiendo las hojas que bailando cuelgan libres, de la luna reflejando al sol.

Ella está erguida, inmutable, las plantas de sus pies parecen ser una con el piso que la sostiene. Parece dispuesta a cercenar a su víctima, eligiendo cada palabra y asiendo del diálogo una llamada de atención, una reprimenda y un castigo. Todo eso en un solo instante de frases concatenadas. Quizá no sepa que lo lastima, quizá piensa que él viste la armadura que lo caracteriza. Solo la primera es verdad. Más allá de eso, sabe con certeza que su reacción es justificada y lo confirma con cada silaba que pronuncia. Claro que sabe qué decir, por supuesto que no sabe qué siente él cuando recibe el mensaje. Claro que tiene razón, por supuesto que él pierde un pedacito de su alma con cada palabra que ella pronuncia. Ella se nota fría y segura, se sabe superior, toma con calma la circunstancia. Continúa con su tarea acomodando algunos papeles en la mesa, mientras sus ojos se dirigen a él quizá para descubrir cuál es la consecuencia de infligir simples demandas, que del otro lado resultan lacerantes. Puede tratar con solemnidad el tema mientras parece a su vez una exposición de rutina. Es un lacayo más del que se deshace. Ella está segura porque sabe que su coraza está intacta y jamás se podrá descubrir que por dentro siente algo de repulsión por tener que llegar a esta instancia, pero no puede perder el timón y dejar que lo tome alguien más, es su vida y tiene que apuntar a la meta, poner la potencia a todo motor y avanzar hacia su objetivo. Quizá hasta sienta algo de lástima por tener que corregir una actitud ajena, pero es eso o dejarse atropellar por un individuo con el que decidió que no vale la pena tomar otra opción, quizá le duela llegar aquí, quizá sufre un instante por lastimar una ilusión, pero sabe que más adelante sería más doloroso, nunca hay que dejar sufrir a un animal, lo más responsable es sacrificarlo.

Algo que ninguno de ellos puede imaginar es como el camino toma forma y los destinos se dibujan, porque un conflicto es a su vez una decisión y cada decisión se transforma en una rama para sus destinos, una de esas bifurcaciones que se toman sin poder deshacerse, porque se escriben con la pluma del instinto, porque solo en muy pocas oportunidades podemos direccionar al destino. Porque un conflicto es una de esas oportunidades. Una oportunidad de hacer que algo suceda, que algo se esculpa en la lápida de nuestra despedida.

Quizá hagan el intento de suturar heridas con suma dedicación, cada uno por su lado. Se van a quitar las esquirlas que son las letras de las palabras, disparadas sin advertencia alguna y con exacta puntería. Él puede que haya engrandeciendo, todavía más, a su admirada figura. Ella seguro sabrá tomar las decisiones correctas para olvidar el incidente. Ella que es igual y tan distinta. Ella que es tan distinta y tan parecida a otras. Él que mirándola ve a todas y todas son nada al lado de ella.