Aquel individuo vislumbró más allá de la verdad, sintió su esencia y supo del poder que proporcionaba.
Receloso de ese poder inventó la segregación entre sus pares, porque quería suprimir cualquier tipo de voluntad y adueñarse de las decisiones, de las emociones, de los corazones y principalmente del intelecto.
Urdió un plan sombrío en el que su cimiento fuese la institución más prestigiosa de todas las épocas, entonces halló en el dogma religioso su carta más valiosa, su as, su espada, su adobe y su pala. Un mástil con el cual clavar bandera. Forjó la estructura perfecta de repulsión por el contacto entre semejantes, para dominar sus deseos, para embrutecer sus mentes.
Sin dejar eso de lado recurrió a las ciencias, materia prima perfecta para completar el más macabro plan de exterminio de la empatía, mediante la creación de armas tóxicas que insinuaran la existencia de un riesgo letal para todo aquel que se dejase llevar por esos deseos que apenas lograba que la muchedumbre reprimiera a fuerza de amenazas de vidas eternas sumidas en un abismo repleto de castigos aberrantes.
Su idea era perpetrar un desastre que infligiera un sufrir de perversidad inconmensurable a la humanidad toda, que produzca angustia, amargura, sed de amor, hambre de lujuria. Pues sabía con certeza que así (luego de un tiempo de eficiencia milimétrica) podría arrojar una cura, una salvación para obtener la confianza y el poder desmedido que semejante empresa podría otorgarle.
Para esto pergeñó un proceso escalofriante, en el que dentro del caos de la vida pudo entrever una forma magnífica y maléfica de oprimir a todo aquel de corazón bondadoso, a través de artefactos religiosos y científicos. A través del asco y el espanto.
Hizo del amor un árbol de divergencias, clasificando y subclasificando el afecto que los seres humanos se tenían entre sí, censurando determinadas ramas para que sean practicadas en la clandestinidad sabiendo la culpa que generaría en aquel que osara consumar tales actos. Otras las tergiversó sepultándolas bajo falsa información para que jamás sean develadas en forma correcta. Puso todo eso dentro de un marco jurídico que apoyara sus ideas con estratagemas ridículas que la razón aceptó porque la lógica las veía consistentes. Premió con nimiedades a los genuflexos que delataran actividades ilícitas. Vulneró por eones la esencia misma de quienes alguna vez fueron sus pares, manipulando lo más íntimo que tenían, manipulando sus entrañas, despojando a cada ser de la capacidad para amar en libertad y de ser amado de igual forma.
Logró diseminar disfunciones fisiológicas entre algunos desacatados que no se doblegaban a las reglas pautadas, con el único objetivo de publicitar sus verdades matando a grandes disidentes sin antes aplastar sus vidas con una carga desmedida de vergüenza y sufrimiento por ser quienes fueron, por mostrarse de alma pura y ojos abiertos. Por tratar de iluminar a los devastados seguidores de aquellas reglas, de esos rituales enquistados, de esas cotas jurídicas. Exhibió el deterioro de estos disidentes de forma mesurada, para que se intensifique el sufrir a partir del tiempo que parecía dilapidar esos cuerpos hasta verlos como cadáveres andantes, faltos de aliento hasta llegar a su sepultura. Disidentes que serían, despedidos como dioses por algunos que llegaron a percibir el destello que emanó de esas vidas, repudiados por otros que veían con aberración que hayan vivido una vida plena fuera de la ley primordial.
La labor final fue incitar la creciente sensación de necesidad de eso que estaba vedado, estimulando a la mente para que despierte deseos opuestos a las reglas impuestas, alentando a sentir por indicación del subconsciente, programando a las maquinas humanas en el sentido más literal de la palabra, inculcando la necesidad de tener más, de ser insuficientes, de ser faltos de un pedazo, de infligir el principio de inutilidad a cada individuo, que sus vidas acepten estar vacías para luego llenarlas con materia descartable y sintética, dotando de necesidades fútiles a cada ser para que consumiese cualquier tipo de programación en sus distintos sabores artificiales. Siendo él mismo proveedor del hambre y de la comida, de la crisis y de su solución.
El vacío y la materia.