Las tardes se pueden desmembrar en sonidos del viento, sombras de árboles y plantas, luces reflejadas por el agua, cantos de pájaros; palabras en la cabeza, que se pelean por ser recordadas.
Levantarse a la mañana es saber que el día por delante va a ser parecido a ese que le precedió, pero que de igual forma es un día más que entrará en la historia de uno, haciendo bulto en la memoria y con la tarea de respetar a esos días que llevan más tiempo guardados y se han ganado la jerarquía del que perdura.
Irse a la cama y acabar el día es saber que estar vivo en la próxima jornada es una incertidumbre. Pero que entre ese día y el próximo se puede vivir una vida entera en un sueño que se transforma en esa realidad paralela y que - cuando uno no está durmiendo - tanto ansía.
Las anécdotas se vuelven compañía porque toman cuerpo dentro de la mente y se hacen tangibles para el alma, quien las mira y las recorre.
Mientras que el futuro es un asunto del destino y a pesar de esto puede ser imaginado, al igual que el final de una película inconclusa.
Es genial tu escrito.
ResponderBorrarMe encanta la descripción detallada de lo que muchas veces mi cuerpo sintió y mi mente entendió.
La paciencia NO es para nada mi fuerte, llegué tarde a la entrega de puños de esa cualidad `¡no la tengo!
En verdad me gustó mucho tu escrito.
me gustó sobremanera.
Excelente.
Un abrazo, cuidate,