sábado, 19 de abril de 2014

Anhela (saber)

Toma una taza de cerámica blanca que se encuentra en la estantería de la cocina, gira el grifo de agua fría y deja la taza debajo para que se cargue. Vuelve hacia la estantería a buscar un saquito de té y tres terrones de azúcar. Para esto la taza ya está rebalsando así que cierra el grifo que pierde a pesar de haberlo girado con fuerza. Toma con el anular, el mayor y el índice de su derecha la puerta del microondas, la abre, introduce con su izquierda la taza con agua y con esa misma mano cierra la puerta de forma algo brusca, mientras su mirada y su índice ya están apuntando hacia el panel digital del aparato, marca un par de tecla y se inicia un zumbido.  Se queda absorta mirando la luz encendida dentro de aquella máquina, adentro todo da vueltas.

Adentro. Sus ojos  están cerrados y algo estalla en su pecho, siente el vello que se le erecta, aprieta los labios y cree escuchar que palpitan. Su abdomen refleja cada inhalación y exhalación. De repente recuerda la imagen de un ombligo olvidado. Ésta imagen le angustia, le lastima, decide suturar su herida en silencio. Leyó alguna vez que la vida cuando quiere herir lo hace con un bisturí de precisión quirúrgica. Ella sabe que si, que la metáfora es correcta. Entonces la angustia se intensifica y clava las uñas de los dedos en la palma de la mano mientras algo salta en su corazón de forma arrítmica, así siente como corre la sangre por sus venas, se queda inmóvil sintiendo, se va hacia su interior y escucha susurrar la letra de una canción que no conoce, casi puede ver las formas que toma una bella melodía que la acompaña con unos colores ondulantes que navegan, chocan, estallan, se hunden y vuelan en un espacio negro como el gato que acariciaba hace apenas unos días. Se confunden su voz interna con la música melódica y los pelos de gato que arrastró la caricia perseguida por un ronroneo seco, todo eso en apenas un apretar de puño, mientras las uñas continúan clavadas. Mientras surge la memoria de su pueblo.  Su pueblo que queda muy cerca y está vivo porque la vida se la da su gente abrigada dentro de sus casas calefaccionadas y felices. Porque  el conglomerado de edificios nuevos y antiguos con sus avenidas grises y el asfalto frío a pesar del sol de las tres de la tarde es cálido y tiene vida bajo su mirada, enamorada de su origen, de su tierra. Tierra de la que escapó hace tanto, tierra a la que volvió hace solo un par de días. Mira el camino recorrido y se cree apenas un instrumento arrastrado por la marea de las vicisitudes. Mientras está en el bosque y sopla el viento, se repite a si misma que no hay tiempo, ni distancia, ni nubes amargas que palidezcan su día. Escala una de las tantas montañas para ver con más claridad desde la altura y observar a cada árbol con su memoria intacta, su esencia pura. Sabe que la sabiduría se esconde donde todo comenzó, sabe que la respuesta quedó escondida bajo un secreto visible a simple vista. Solo se debe saber desde donde observar. Ver a los árboles que bailan solos, porque solos comprenden más la vida. Bailando guardan sus secretos en las ramas y sus raíces se aferran con fuerza a la tierra, tocando a Gea para compartirle parte del éxtasis de vivir.

Luego de tres pitidos metálicos la máquina se para y ella se despierta. Lleva su taza caliente hacia la mesa. Se sienta en uno de los cuatro asientos y saca del bolsillo un teléfono. A la vez que  introduce el saquito de té y los terrones de azúcar sin prestar demasiada atención, hace deslizar el pulgar encima de la pantalla táctil del teléfono parando cada cierto intervalo para prestar atención a algo que le interese. Luego deja a un lado el teléfono y toma con el índice y el pulgar la cuchara. La introduce en la taza para mezclar con énfasis más de un par de vueltas hasta que parece quedar satisfecha. Retira la cuchara y prueba la gota que queda bailando en la punta.

Quiere saber cuanta secreción emana la vida cuando se manifiesta
Quiere saber cuanto polvo levanta la tierra en ese pueblo que queda tan cerca.
Quiere esculpir su vida porque nació con cincel y martillo.

martes, 8 de abril de 2014

Imágen

Recién levantado, sentado en la cama y con los pies dentro de las pantuflas mira hacia la nada de la pared que tiene en frente, lo único en lo que piensa es en el día de hoy, para ser más exacto, en la fecha de hoy.

Casi con claridad puede recordad a su tatarabuelo contándole la historia según se la habían relatado y que parece descubrirse como en un sueño.

Fue allá por fines del siglo XXV que nuestra república fue dividida entre Justicialistas (ubicados en la margen sur del territorio) y Rojistas (estos en el norte, más allá de la derruida ciudad de Buen Aire). Su voz sonaba tan amarga cuando daba detalles de circunstancias que nunca vivió y que a pesar de esto igual marcaron toda su existencia, desde su primera infancia hasta su último suspiro. Parecía tratar de desmembrar alguna angustia al contar sus vivencias pero ni en tal circunstancia podía descargar tanto peso heredado.

Luego de aquella época la vida fue mejorando, las armas quedaron a un lado y la sociedad trató de mantener cierta felicidad por largo tiempo. Aquella sociedad que a su vez era distinta, como la geografía del continente donde el territorio de la nación chilena seguía a la deriva luego que la cordillera de los andes quedara sumergida bajo aguas del Océano Pacífico. Sus habitantes sabían que en apenas pocos años por delante la isla iba a desaparecer, por tal motivo emigraban a países que los aceptaran, de los cuales el primero era la Conglomeración, forma familiar de denominar a los Estados Conglomerados del Planeta Azul.

Desde hace ya algunas décadas el día de hoy, siete de julio, es un día de festejo para los Rojistas que pertenecen a la Conglomeración. Mientras que para todos los que forman parte de los Justicialistas es un día de memoria y re afirmación de su independencia. Por supuesto que flaquea su economía y están desabastecidos de tecnología de avanzada que es de gran auge del otro lado de la frontera. Pero la sola idea de estar bajo la cúpula de un sistema banal, opresor y que denigra a sus accionistas minoritarios haciendo gala de su administración en forma de estado/empresa, les hace nacer más fuerzas para resistir a esa enorme tentación de ceder la soberanía de su patria. Ya ni el petróleo es material del que se pueda sacar fruto, porque los otros poseen formas más higiénicas para generar energía hídrica o solar, que por supuesto no son compartidas.

Continúa mirando hacia la pared y duda. Se levanta para mirar por la ventada y tratar de dilucidar el futuro, el futuro de acá a la vuelta, el clima de la ciudad, la ropa que debe usar.

Recuerda la cantidad de países que le eran nombrados, tantos eventos desencajados transformaban en inverosímiles aquellas palabras que recordaba. Pensar que la historia son solo circunstancias concatenadas y si no fuera porque en realidad ya sucedieron sonarían irrisorias. Su memoria trata de listar aquellos países y el primero que recuerda sin esforzarse demasiado es Estados Unidos de Norteamérica, después y muy cerca estaba Méjico, Canadá del otro lado junto con Alaska Independiente, Groenlandia de la que jamás supo su posición en el mapa. Luego la memoria se pone difusa y parece tratar de inventar, se arriesga a nombrar Europa Nórdica sin poder afirmar que sea una región o un país, aunque se inclina más hacia la primera opción. Por supuesto, sin tener que escudriñar por demás quedan los Rojistas. Todos estos y muchos más ya hoy practicamente fagocitados por la Conglomeración.

Continúa con la mirada en el horizonte y sabe que el cielo está por iluminarse. Es siete de julio (se repite hacia adentro) y desde hace algunas décadas se firmó un tratado de resolución de conflictos, por el cual, ni el cuatro de julio de los ex Estados Unidos de Norteamérica, ni el nueve de julio de lo que fuera Argenta (o Argentina según dialecto) deberían ser conmemorados de ninguna forma, estableciéndose así el siete de julio única fecha de festejo y conmemoración por la fundación de la nación Argenta, algo a lo que la gran mayoría de la gente no prestó mayor importancia. Puesto que existían y existen mil falencias a las cuales dar mayor atención.

De repente el cielo celeste se pierde en una explosión de luz blanca y silenciosa que se expande, que parece penetrar el vidrio polarizado.

Mientras observa recuerda esos hematomas  que se le suelen formar por la fuerte exposición a la luz gélida. Desea que su piel no vuelva a tornarse morada (a causa de los gamma) para no tener que cambiar de cuerpo por tercera vez.

Un instante después la luz blanca, casi azul, parece contraerse en sí y desaparecer. Hasta dentro de un año cuando los habitantes de las Falkvinas vuelvan a alzar (al igual que cada siete de julio) su bandera de repudio hacia la Conglomeración, haciendo detonar una de sus bombas nucleares de fusión en frío.