Recién levantado, sentado en la cama y con los pies dentro de las pantuflas mira hacia la nada de la pared que tiene en frente, lo único en lo que piensa es en el día de hoy, para ser más exacto, en la fecha de hoy.
Casi con claridad puede recordad a su tatarabuelo contándole la historia según se la habían relatado y que parece descubrirse como en un sueño.
Fue allá por fines del siglo XXV que nuestra república fue dividida entre Justicialistas (ubicados en la margen sur del territorio) y Rojistas (estos en el norte, más allá de la derruida ciudad de Buen Aire). Su voz sonaba tan amarga cuando daba detalles de circunstancias que nunca vivió y que a pesar de esto igual marcaron toda su existencia, desde su primera infancia hasta su último suspiro. Parecía tratar de desmembrar alguna angustia al contar sus vivencias pero ni en tal circunstancia podía descargar tanto peso heredado.
Luego de aquella época la vida fue mejorando, las armas quedaron a un lado y la sociedad trató de mantener cierta felicidad por largo tiempo. Aquella sociedad que a su vez era distinta, como la geografía del continente donde el territorio de la nación chilena seguía a la deriva luego que la cordillera de los andes quedara sumergida bajo aguas del Océano Pacífico. Sus habitantes sabían que en apenas pocos años por delante la isla iba a desaparecer, por tal motivo emigraban a países que los aceptaran, de los cuales el primero era la Conglomeración, forma familiar de denominar a los Estados Conglomerados del Planeta Azul.
Desde hace ya algunas décadas el día de hoy, siete de julio, es un día de festejo para los Rojistas que pertenecen a la Conglomeración. Mientras que para todos los que forman parte de los Justicialistas es un día de memoria y re afirmación de su independencia. Por supuesto que flaquea su economía y están desabastecidos de tecnología de avanzada que es de gran auge del otro lado de la frontera. Pero la sola idea de estar bajo la cúpula de un sistema banal, opresor y que denigra a sus accionistas minoritarios haciendo gala de su administración en forma de estado/empresa, les hace nacer más fuerzas para resistir a esa enorme tentación de ceder la soberanía de su patria. Ya ni el petróleo es material del que se pueda sacar fruto, porque los otros poseen formas más higiénicas para generar energía hídrica o solar, que por supuesto no son compartidas.
Continúa mirando hacia la pared y duda. Se levanta para mirar por la ventada y tratar de dilucidar el futuro, el futuro de acá a la vuelta, el clima de la ciudad, la ropa que debe usar.
Recuerda la cantidad de países que le eran nombrados, tantos eventos desencajados transformaban en inverosímiles aquellas palabras que recordaba. Pensar que la historia son solo circunstancias concatenadas y si no fuera porque en realidad ya sucedieron sonarían irrisorias. Su memoria trata de listar aquellos países y el primero que recuerda sin esforzarse demasiado es Estados Unidos de Norteamérica, después y muy cerca estaba Méjico, Canadá del otro lado junto con Alaska Independiente, Groenlandia de la que jamás supo su posición en el mapa. Luego la memoria se pone difusa y parece tratar de inventar, se arriesga a nombrar Europa Nórdica sin poder afirmar que sea una región o un país, aunque se inclina más hacia la primera opción. Por supuesto, sin tener que escudriñar por demás quedan los Rojistas. Todos estos y muchos más ya hoy practicamente fagocitados por la Conglomeración.
Continúa con la mirada en el horizonte y sabe que el cielo está por iluminarse. Es siete de julio (se repite hacia adentro) y desde hace algunas décadas se firmó un tratado de resolución de conflictos, por el cual, ni el cuatro de julio de los ex Estados Unidos de Norteamérica, ni el nueve de julio de lo que fuera Argenta (o Argentina según dialecto) deberían ser conmemorados de ninguna forma, estableciéndose así el siete de julio única fecha de festejo y conmemoración por la fundación de la nación Argenta, algo a lo que la gran mayoría de la gente no prestó mayor importancia. Puesto que existían y existen mil falencias a las cuales dar mayor atención.
De repente el cielo celeste se pierde en una explosión de luz blanca y silenciosa que se expande, que parece penetrar el vidrio polarizado.
Mientras observa recuerda esos hematomas que se le suelen formar por la fuerte exposición a la luz gélida. Desea que su piel no vuelva a tornarse morada (a causa de los gamma) para no tener que cambiar de cuerpo por tercera vez.
Un instante después la luz blanca, casi azul, parece contraerse en sí y desaparecer. Hasta dentro de un año cuando los habitantes de las Falkvinas vuelvan a alzar (al igual que cada siete de julio) su bandera de repudio hacia la Conglomeración, haciendo detonar una de sus bombas nucleares de fusión en frío.
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